Música y cerebro

14 Sep

La música es un elemento muy presente en nuestra vida diaria, aunque no nos dediquemos profesionalmente a ella. Cuando vamos a cualquier comercio hay música de ambiente, en la consulta del médico, en los anuncios de la televisión, en la banda sonora de las películas, etc.

Además, cuando vamos en el coche ponemos música, y quien más y quien menos, lleva algún tipo de reproductor encima para cuando camina o mientras espera. A nuestro alrededor hay más música de la que podamos pensar a simple vista…

Los efectos de la música sobre el comportamiento han sido evidentes desde los comienzos de la humanidad. A lo largo de la historia, la vida del hombre se ha visto complementada e influida por la música, a la cual se le han atribuido una serie de funciones. Ésta ha sido un medio de expresión y comunicación no verbal y, debido a sus efectos emocionales y motivacionales, se ha utilizado como un instrumento de manipulación y control del comportamiento de grupos e individuos. Podemos pensar, por ejemplo, en las marchas de guerra, en la música tocada en los supermercados, oficinas o discotecas, los himnos nacionales, etcétera. También posee una función facilitadora en el establecimiento y la permanencia de las relaciones humanas, así como en la adaptación social del individuo a su medio.

Sabemos que la musica tiene su propio “lenguaje”, si no, que se lo pregunten a los que han estado años estudiando solfeo. Los circuitos cerebrales responsables del procesamiento de la música son distintos a aquellos que se encargan del procesamiento del lenguaje: Corteza aduditiva, corteza motora, áreas de asociación, principalmente en el hemisferio derecho (recordamos que estas áreas en el hemisferio izquierdo se encargan del procesamiento lingüístico).

¿Qué nos aporta la música para que tod@s la tengamos tan presente?

Una de las definiciones de música que nos da la Real Academia de la Lengua es: Arte de combinar los sonidos de la voz humana o de los instrumentos, o de unos y otros a la vez, de suerte que produzcan deleite, conmoviendo la sensibilidad, ya sea alegre, ya tristemente.

Todas las investigaciones realizadas al respecto, destacan la alta conexión entre la música y las emociones. La música tiene la capacidad de provocar en todos nosotros respuestas emocionales. Las emociones pueden clasificarse en dos dimensiones, según su valencia (positivas o negativas) y su intensidad (alta o baja). Las emociones positivas inducen conductas de aproximación y las negativas, conductas de retirada. Ambas respuestas están mediadas por el cortex prefrontal ventromedial. Según los investigadores, la música no induce emociones, sino que induce información emocional. Provoca cambios fisiológicos en nosotros como cualquier otro estímulo emocional.

Al escuchar música se actúan algunas zonas donde se ubican las neuronas espejo, donde se sitúan emociones como la empatía. El núcleo accumbens (cuya función tiene que ver con la Recompensa, el Placer y los Comportamientos Adictivos)  se activa cuando escuchamos música agradable. La actividad de otra zona, relacionada con el miedo, la percepción del peligro y las respuestas de escape, la amigdala, baja su activación cuando escuchamos música relajante. Esta estructura también se encuentra implicada en la música de suspense.

Recientemente, Redes, el programa de televisión de Eduard Punset dedicaba un capítulo precisamente a ésto:

Redes: Música, emociones y neurociencia

La música es un estímulo que enriquece los procesos sensoriales, cognitivos (como el pensamiento, el lenguaje, el aprendizaje y la memoria) y motores, además de fomentar la creatividad y la disposición al cambio.

MUSICOTERAPIA

En los últimos años, ha cobrado gran importancia su función terapéutica (musicoterapia) en una gran diversidad de estados patológicos. A partir de diversos tipos de música se pueden inducir diferentes estados de ánimo, los cuales pueden repercutir en tareas psicomotoras y cognitivas. Una de las variables importantes que intervienen en estos efectos se refiere a la clase de música que se escucha. En este sentido, existen principalmente dos tipos: 1) la estimulante, que aumenta la energía corporal, induce a la acción y estimula las emociones y 2) la sedante, que es de naturaleza melódica sostenida y se caracteriza por tener un ritmo regular, una dinámica predecible, consonancia armónica y un timbre vocal e instrumental reconocible, con efectos tranquilizantes.

Se han realizado varias investigaciones tendentes a estudiar los efectos de la música sobre la ansiedad. Se ha observado que la de carácter estimulante aumenta la preocupación y la emocionalidad (activación fisiológica afectiva), mientras que la sedante la disminuye. También se ha encontrado una reducción de la tensión muscular y la fuerza física, relacionada con la ansiedad, a través de la audición de música tranquila, cuyos efectos repercuten en la comunicación humana. Por ejemplo, la de tonos mayores aumenta la satisfacción en la interacción humana y facilita la productividad.

En relación con las posibilidades terapéuticas de la música, se han publicado una gran cantidad de evidencias en diferentes tipos de pacientes. Los efectos terapéuticos, en parte, se dan gracias a que la música disminuye la ansiedad. Por ejemplo, una reducción del ritmo respiratorio y la presión sanguínea, así como menores puntuaciones en pruebas de ansiedad, en pacientes preoperatorios, después de escuchar música sedante.

En el cerebro, la música actúa sobre ciertos neurotransmisores como la serotonina y noradrenalina mejorando el estado de ánimo de las personas. De esa manera, la música altera la actividad cerebral y la vuelve más lenta. Ello se debe a que el ritmo del cuerpo, el latido cardíaco, la respiración y las ondas cerebrales tienden a sincronizarse al compás de cierto tipo de música.

BENEFICIOS DE PRACTICAR MÚSICA DE NIÑOS

Recientemente, encontrabamos un estudio de la Universidad de Northwestern, en Evanston, Illinois (EEUU), que concluye que los participantes que habían estudiado de uno a cinco años de música tenían mejores respuestas cerebrales frente a sonidos complejos. Estas personas eran más eficaces para extraer la frecuencia fundamental de la señal sonora, es decir, la frecuencia más baja en el sonido que es clave en la percepción musical y en el habla. “Esta habilidad les permite reconocer sonidos en un entorno complejo y ruidoso, también es importante para la expresión hablada y para la memoria”. Estos resultados, junto con los obtenidos en investigaciones previas por estos investigadores, permiten señalar “beneficios que van desde una mejor percepción auditiva, mayor función ejecutiva y un empleo más eficaz de herramientas comunicativas. Todo ello sugiere que el entrenamiento musical durante el desarrollo produce efectos positivos y a largo plazo en el cerebro adulto”, refiere el estudio.

Podeis consultar la noticia completa en elmundosalud.

Entre los muchos beneficios de la música para el ser humano, también se ha demostrado que mejora el rendimiento deportivo. Podeis consultar la entrevista al autor de la investigación aquí.

Son muchas las películas que tienen la música como eje central de su argumento. En relación con el daño cerebral, recordamos una que recomendamos en un post anterior: “The music never stopped“, basada en un ensayo de Oliver Sacks.

AMUSIA

La pérdida de la capacidad para reconocer la música, la melodía y el ritmo se denomina amusia. Puede ser congénita o adquirida.

En una lesión cerebral (adquirida), podemos hablar de diversas alteraciones, dependiendo de si se encuentra dañado el funcionamiento motor o expresivo:

– Amusia expresiva: resulta imposible cantar, silbar o tararear un tono.

– Amusia instrumental o apraxia musical: cuando se ve comprometida la capacidad para tocar un instrumento.

-Agrafía musical: incapacidad para escribir música.

También puede verse afectado el componente perceptivo:

-Amusia sensorial o receptiva: Incapacidad para discriminar entre tonos.

-Amusia amnésica: Dificulta la capacidad para reconocer canciones familiares.

-Alexia musical: Altera la capacidad para leer música.

La amusia congénita solamente afecta al tono. Diversas investigaciones señalan que se produce en el 4% de la población. Estas personas, desde su nacimiento, presentan un déficit en la percepción de melodías, así como en su producción.

Alteraciones más frecuentes:

Los amúsicos son incapaces de reconocer una melodía familiar sin la ayuda de las letras, desafinan al cantar sin percatarse de ello, no son capaces de diferenciar si dos melodías son iguales o diferentes, aunque perciben adecuadamente los patrones rítmicos. La amusia adquirida es susceptible de rehabilitación, aunque se ha solido dejar de lado, ya que si no se trata de músicos profesionales, no supone una alteración importante en la vida diaria de la persona afectada.

Recientemente, pudimos ver un reportaje sobre el tema, realizado en el CEADAC (Centro Estatal de Atención al Daño Cerebral, centro de referencia nacional):

Amusia

Podeis encontrar ésta y más información sobre este curioso trastorno, así como sus bases neuroanatómicas, en este artículo de la Revista de Neurología: Música y cerebro.

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